La Coctelera

Categoría: E) Contradicciones del ser humano

En ocasiones veo muertos

Lo aseguraba el niño de El sexto sentido en 1999, pero yo he empezado a sentir lo mismo últimamente, justo desde el momento en que supe que uno de cada dos fumadores morirá a causa del tabaco.

Y lo que aún es más grave: uno de cada cuatro fumadores morirá de forma prematura perdiendo entre 15 y 20 años de vida. Pero todavía hay más datos escalofriantes:

Por eso, ahora, cuando me cruzo con una persona que fuma, no puedo dejar de verle como un muerto.

La contradicción: que el Estado no deje de aumentar los ingresos por los impuestos del tabaco. 8.142 millones de euros en 2006. Bueno, eso y que la gente siga fumando...

Los españoles somos felices

En términos generales, el 75% de los españoles nos definimos como bastante o completamente felices. Así se desprende del estudio "¿Son felices los españoles?" elaborado por la consultora Append en diciembre de 2006.

Pero, por otro lado, vivimos en un país con graves problemas en apartados tan básicos como el empleo, la vivienda o la educación. ¿Qué ocurre entonces? Mi particular visión del asunto es que, a pesar de todo lo que nos quejamos, al final resulta que conseguimos ser más o menos felices. Quizá porque sí tenemos cubiertos otros apartados igualmente básicos como la libertad, la salud, el amor/afecto e, incluso, la economía.

Quizá por todo esto es por lo que vivimos una peligrosa corriente de conformismo, de tal forma que algo muy grave tiene que ocurrir en España para que nos movilicemos todos a una. Porque, al final, los españoles somos felices tal y como estamos. Y tú, ¿eres feliz?

Si no te gusta, no lo fomentes

Mi sobrina trabaja en las taquillas de un cine. Y me cuenta que la tarde del 24 de diciembre pasado, una señora que había acudido al establecimiento, al ver a los chicos jóvenes allí trabajando, comentó: "¡Vaya! ¿Por qué os hacen trabajar un día como hoy?" A lo que alguien respondió: "Si las personas como usted no vinieran al cine un día como hoy, no tendríamos que estar aquí trabajando." La respuesta es simple, pero demoledora. Y aplicable a cualquier otro asunto de la vida que no nos guste. Ahí van algunos ejemplos:

  • Si no te gusta un programa de televisión, no lo veas.
  • Si no te gusta la televisión en general, no la veas.
  • Si no te gusta un periódico, no lo compres ni lo leas.
  • Si no quieres inmigrantes, no les des trabajo.
  • Si no te gusta el cine comercial, no vayas a ver ese tipo de películas.
  • Si no te gusta la pornografía, no la compres ni la veas.
  • Si no te gusta el consumismo, no compres cosas que no necesitas.
  • Si no quieres escuchar una respuesta, no hagas la pregunta.

El mundo se olvida de los niños

188.000 niños sufren las consecuencias de la violencia de pareja en España. La violencia en el hogar, sufrida o presenciada por los niños, tiene unas consecuencias devastadoras para ellos. Y también para la sociedad del futuro...

A pesar de que hablamos hace unos meses sobre la campaña "Corregir no es pegar", me veo en la obligación de volver a tocar este asunto tras conocer los resultados del informe "Tras las puertas cerradas: el impacto de la violencia de pareja en los niños y niñas". Los datos son escalofriantes:

  • 275 millones de niños de todo el mundo están afectados por la violencia en el hogar.
  • Los niños en cuyos hogares o familias hay violencia no sólo sufren la angustia de vivir en esas circunstancias, sino que tienen una probabilidad más alta de convertirse en víctimas de abuso.
  • La exposición a la violencia doméstica se correlaciona con mayor probabilidad de embarazos en la adolescencia, consumo de sustancias ilícitas y conducta delincuencial.
  • Las mujeres más maltratadas son aquellas cuyos cónyuges sufrieron maltrato de pequeños o presenciaron actos de violencia contra sus madres.

El coordinador de asuntos de infancia de UNICEF España, Gabriel González Bueno, considera que "cuando se hizo la legislación contra la violencia de género se olvidó de los niños.". Me asustan las sociedades que se olvidan de los niños...

Colillas en la arena

Es curioso observar lo que hacemos las personas con los desperdicios que generamos. Por norma general no nos gusta vivir entre basura y, por tanto, solemos deshacernos de ella en cuanto podemos. Ahora bien, nuestra estrategia suele mirar -como en tantas otras ocasiones- al corto plazo. Y no me refiero en esta ocasión al reciclaje...

En ocasiones, una extraña lógica nos conduce a conservar limpio nuestro espacio vital más próximo en el justo momento en el que tenemos que tirar la basura, ni antes ni después. Así, si estamos en casa, nos parece adecuado sacudir el mantel por la ventana; si estamos en el coche, la ventanilla es el sitio lógico para arrojar los desperdicios; si vamos por la calle, tiramos las cosas fuera de nuestra vista, y usamos las papeleras -si hay suerte- o un trozo de suelo alejado de nosotros cuya suciedad no nos incomode demasiado.

Un ejemplo curioso del uso de esta lógica de limpieza lo podemos observar en los fumadores. Cuando en el metro de Madrid se podía fumar, las personas que lo hacían en el andén tiraban las colillas a las vías, pero si apuraban el cigarro hasta que entraban en el vagón, entonces usaban el mismo andén, donde antes estaban ellos, como receptor de sus desperdicios.

Es decir, ensucio un lugar donde no estoy ahora, aunque más tarde vaya a volver a él.

Eso es lo que suele ocurrir en la playa. Los fumadores de la playa esconden sus colillas en la arena como si así las hicieran desparecer. Pero, al día siguiente, esas mismas colillas asoman por doquier y afean una estampa que podría ser mucho más bella sin demasiado esfuerzo.

Descortesía

Es muy curioso observar cómo, a veces, nuestra cortesía lleva implícita tal contradicción que nuestro oyente bien podría entenderla como descortesía. Aquí os dejo algunos ejemplos:

"Disculpa, ¿puedo hacerte una pregunta?" Esto que hacemos muchas veces no es más que una pregunta para pedir permiso para hacer una pregunta. Es decir, nos tomamos la libertad de realizar la primera pregunta, pero pedimos permiso para hacer la segunda.

"Hola, ¿puedo interrumpirte un momento?" No sólo puedes interrumpir sino que lo has hecho antes de obtener la respuesta.

"¿Tienes un segundo?" Es posible que nuestro interlocutor tuviera un segundo, pero se le fue escuchando nuestra pregunta. Si necesitamos más tiempo, ¿por qué sólo pedimos un segundo?

Evidentemente, estos ejemplos no se suelen interpretar como descortesía pues vienen acompañados de una intención cortés. Sin embargo, en muchas otras ocasiones no medimos la cortesía de nuestras palabras, pensando en que los demás adivinarán nuestra intención.

Y es que ya lo decía Lewis Carroll: "Sé cortés mientras piensas qué decir. Ahorra tiempo". Para reflexionar...

"Todos los hombres nacen sinceros y mueren mentirosos"

Esta frase de Luc de Clapiers, marqués de Vauvenargues refleja que la mentira es algo aprendido de la sociedad.

Y es que ya sabemos que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Es decir, somos los adultos sobrios los que educamos a nuestros hijos en la mentira.

No hace mucho, escuché una anécdota que sirve para ilustrar esta idea:

- Pablito, ¡cuántas veces te tengo que repetir que no se miente!
- Perdona, papá. Tienes razón.
En ese momento, suena el teléfono y responde el niño.
- Papá, es para ti.
- ¿Quién es?
- El vecino del séptimo.
- ¡Uf! Dile que no estoy.

Hasta el gato Calcetines sabe más sobre mentiras que los hombres...

Equilibrio entre vida personal y profesional

Publicaba el diario El País hace un par de días, una genial viñeta de Forges:

La escena, real como la vida misma, refleja una absurda contradicción del ser humano de hoy en día. Por un lado, las empresas españolas no hacen más que recibir quejas de los trabajadores por el pobre balance entre vida personal y vida profesional. Pero por otro, los trabajadores -los hombres especialmente- no quieren volver a casa porque saben que les tocará realizar tareas domésticas que no quieren hacer.

Parece, por tanto, que la vida personal que buscamos en España no es la familiar y hogareña. Más bien, lo que buscamos es no hacer nada, ni en casa ni el trabajo. Lo cual también supone un equilibrio, ciertamente.