Categoría: L) Frases célebres
20 Mayo 2006
Es muy curioso observar cómo, a veces, nuestra cortesía lleva implícita tal contradicción que nuestro oyente bien podría entenderla como descortesía. Aquí os dejo algunos ejemplos:
"Disculpa, ¿puedo hacerte una pregunta?" Esto que hacemos muchas veces no es más que una pregunta para pedir permiso para hacer una pregunta. Es decir, nos tomamos la libertad de realizar la primera pregunta, pero pedimos permiso para hacer la segunda.
"Hola, ¿puedo interrumpirte un momento?" No sólo puedes interrumpir sino que lo has hecho antes de obtener la respuesta.
"¿Tienes un segundo?" Es posible que nuestro interlocutor tuviera un segundo, pero se le fue escuchando nuestra pregunta. Si necesitamos más tiempo, ¿por qué sólo pedimos un segundo?
Evidentemente, estos ejemplos no se suelen interpretar como descortesía pues vienen acompañados de una intención cortés. Sin embargo, en muchas otras ocasiones no medimos la cortesía de nuestras palabras, pensando en que los demás adivinarán nuestra intención.
Y es que ya lo decía Lewis Carroll: "Sé cortés mientras piensas qué decir. Ahorra tiempo". Para reflexionar...
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5 Febrero 2006
Esta frase de Luc de Clapiers, marqués de Vauvenargues refleja que la mentira es algo aprendido de la sociedad.
Y es que ya sabemos que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Es decir, somos los adultos sobrios los que educamos a nuestros hijos en la mentira.
No hace mucho, escuché una anécdota que sirve para ilustrar esta idea:
- Pablito, ¡cuántas veces te tengo que repetir que no se miente!
- Perdona, papá. Tienes razón.
En ese momento, suena el teléfono y responde el niño.
- Papá, es para ti.
- ¿Quién es?
- El vecino del séptimo.
- ¡Uf! Dile que no estoy.
Hasta el gato Calcetines sabe más sobre mentiras que los hombres...
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4 Diciembre 2005
Son abundantes las referencias al respecto de que la suerte no existe como tal, sino que es el resultado del trabajo, el esfuerzo o el talento... Jacinto Benavente decía que "todos creen que tener talento es cuestión de suerte, pero nadie piensa que la suerte puede ser cuestión de talento."
En cambio, Woody Allen en su última película (Match Point) ofrece una visión totalmente opuesta. Dice que a los hombres nos da miedo admitir lo mucho que influye la suerte en el curso de nuestras vidas. Y que es espeluznante pensar en la cantidad de cosas que escapan a nuestro control.
Un inesperado golpe de suerte cambia la vida del protagonista de la película. Pero es que, además, ese tipo no se lo merecía.
Entonces, ¿existe la suerte o sólo es fruto de la constancia? Quizá haya que reconocer como válidas ambas posibilidades. Estoy convencido de que con tesón y dedicación se tienen muchas más probabilidades de tener buena suerte. Pero también es cierto que la fortuna, a veces, no se casa con nadie. Por poner un simple ejemplo: los que murieron en los atentados del 11M no hicieron nada que pudiera justificar su mala suerte.
Sin embargo, a mí, como a Goethe, me gusta más pensar que hay algo de magia en todo esto...
A propósito de todas las iniciativas, hay una verdad elemental cuya ignorancia mata innumerables ideas y espléndidos planes: en el momento en el que uno se compromete de verdad, la Providencia también lo hace. Toda clase de cosas comienzan a ocurrir para ayudar a esa persona, cosas que sin su previo compromiso jamás habrían ocurrido. Todo un caudal de sucesos se pone en marcha con aquella decisión, ayudándole por medio de incidentes inesperados, encuentros insospechados y ayuda material que nadie hubiera soñado que pudieran ocurrir. Si sabes que puedes, o crees que puedes, ponte en marcha. La audacia tiene genio, poder y magia.
Johann Wolfgang von Goethe
Entonces, ¿será la suerte fruto de la audacia?
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15 Noviembre 2005
No hay una segunda oportunidad para una mala primera impresión
En homenaje al Inevitable Anónimo. Algunos dicen que homenaje es un eufemismo para plagio. Confío en que el inevitable no se me enoje...
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31 Octubre 2005
Si haces planes para un año, siembra arroz. Si los haces para dos lustros, planta árboles. Si los haces para toda la vida, educa a una persona. Este proverbio chino nos muestra, una vez más, la falta de lucidez de nuestra sociedad.
Mucho del arroz que se planta hoy día es transgénico... Los árboles, más que plantarlos, los quemamos o los talamos... y las personas se educan casi por casualidad...
El ser humano moderno, urbanita y evolucionado prefiere invertir en planes de pensiones porque desgravan, en vivienda porque no para de subir, en autómoviles que están por encima de sus posibilidades porque cree que puede aparentar lo que no es, en ver la televisión porque pensar cansa mucho y en cuidarse a sí mismo porque sólo los idiotas cuidan de los demás.
¿No nos iría mucho mejor si invirtiéramos un poco más en la educación de nuestros hijos? Y me refiero a invertir tiempo, pues sólo con dedicación se acaban consiguiendo resultados.
POR CIERTO: No sólo los chinos, sino también los griegos sabían la importancia de la educación: "Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres"
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21 Octubre 2005
¿Por qué nos cuesta tanto pedir perdón?
Pedir perdón es algo sencillo. Basta con decir tan solo una o dos palabras: perdón, perdona, lo siento, disculpa... Pero las implicaciones que conlleva dicha acción quizá son más complejas de lo que parece a primera vista.
Creo que casi todo tiene que ver con que pedir perdón significa admitir que te has equivocado, que hiciste algo mal. Y eso es algo que choca frontalmente con el orgullo, una de las caraterísticas humanas que probablemente más problemas nos trae.
Ya lo decía Fray Enrique Domingo Lacordaire: "El orgullo divide a los hombres, la humildad los une". Al pedir perdón, por tanto, estamos mostrando nuestra faceta más humilde, esa que nos hace parecer más débiles y más inocentes. Pero que también nos convierte en seres más amables y más íntegros, y nos engrandece personalmente porque vemos que nuestra acción revierte positivamente tanto en nosotros como en los demás.
Si cuando cometemos un error, no somos capaces de reconocerlo y pedir disculpas, estaremos cometiendo dos errores. Y, además, estaremos mintiendo y, quizá, las consecuencias de nuestro error las esté sufriendo alguien inocente.
Pero, es que todos nos equivocamos. Todos cometemos errores. No pasa nada. Se intenta solucionar y listo. Y, la próxima vez, tenemos más cuidado.
¿Por qué, entonces, nos cuesta tanto pedir perdón?
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9 Octubre 2005
Pensar que el tiempo de calidad es preferible a la cantidad de tiempo es algo muy arraigado en esta nuestra sociedad, en la que siempre andamos corriendo, sin tiempo para nada.
Suele aparecer muy ligado al equilibrio entre vida profesional y personal. De modo que pensamos que equilibramos ambas facetas de nuestra vida si las pocas horas que pasamos con nuestra familia son de mucha calidad...
Probablemente, pocas falacias en la historia de la humanidad hayan engañado a tanta gente. El intento de lavado mental es asombroso.
El contraejemplo es inmediato: ¿qué pasaría si, en vez de trabajar 8, 12 ó 15 horas al día, trabajáramos tres? Pero no tres horas vulgares y corrientes, no. Tres horas de verdadera calidad. ¿Lo admitiría nuestro jefe? ¿Lo admitiría la empresa?
Claro está, que la cantidad por sí sola no es condición suficiente, pero es condición necesaria. Debemos dedicar tiempo a aquello que consideremos importante. La calidad ya llegará.
Decía Picasso que "la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando". Dicho de otra forma: los momentos de calidad sólo llegan si dedicas mucho tiempo a buscarlos.
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5 Octubre 2005
A la música se le han atribuido históricamente propiedades casi mágicas. Desde los encantadores de serpientes o el flautista de Hamelin hasta las aplicaciones beneficiosas en prematuros, los ejemplos de la musicoterapia son innumerables.
También parece que la música afecta positivamente a las plantas. Ya en la década de los 50, un horticultor estadounidense observó beneficios en su jardín. Y ahora, unos viticultores italianos acaban de sacar la misma conclusión.
Pero quizá sea en los niños donde la música ejerce su mayor poder. Los efectos educativos que se consiguen con una canción son asombrosos. En primer lugar, la mayoría de los niños disfruta cantando y bailando y, por tanto, les hace ser más felices. Con eso ya sería más que suficiente, pero es que además aumenta su capacidad de concentración, potencia su memoria, mejora su motricidad y sus capacidades vocales y auditivas, estimula su creatividad y le convierte en un ser más sociable y comunicativo. ¿Alguien da más?
Para terminar, un pensamiento de Johann Wolfgang von Goethe, que suscribo sin pestañear: "Todos los días debiéramos preocuparnos por escuchar buena música, leer hermosos poemas, extasiarnos en lindas pinturas y hablar palabras razonables."
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