¿Por qué nos cuesta tanto pedir perdón?

Pedir perdón es algo sencillo. Basta con decir tan solo una o dos palabras: perdón, perdona, lo siento, disculpa... Pero las implicaciones que conlleva dicha acción quizá son más complejas de lo que parece a primera vista.

Creo que casi todo tiene que ver con que pedir perdón significa admitir que te has equivocado, que hiciste algo mal. Y eso es algo que choca frontalmente con el orgullo, una de las caraterísticas humanas que probablemente más problemas nos trae.

Ya lo decía Fray Enrique Domingo Lacordaire: "El orgullo divide a los hombres, la humildad los une". Al pedir perdón, por tanto, estamos mostrando nuestra faceta más humilde, esa que nos hace parecer más débiles y más inocentes. Pero que también nos convierte en seres más amables y más íntegros, y nos engrandece personalmente porque vemos que nuestra acción revierte positivamente tanto en nosotros como en los demás.

Si cuando cometemos un error, no somos capaces de reconocerlo y pedir disculpas, estaremos cometiendo dos errores. Y, además, estaremos mintiendo y, quizá, las consecuencias de nuestro error las esté sufriendo alguien inocente.

Pero, es que todos nos equivocamos. Todos cometemos errores. No pasa nada. Se intenta solucionar y listo. Y, la próxima vez, tenemos más cuidado.

¿Por qué, entonces, nos cuesta tanto pedir perdón?