El misterioso caso de los intermitentes impertinentes
Érase una vez una ciudad en la que casi ningún conductor utilizaba los intermitentes para advertir de sus maniobras. Los coches cambiaban de carril, giraban a un lado y a otro o adelantaban y rara era la vez que informaban gentilmente a los demás de dichas maniobras.
Tan misterioso era el suceso, que las autoridades de la ciudad contrataron a un investigador forastero para tratar de hallarle explicación.
El investigador habló con los fabricantes de los coches y éstos le aseguraron que era improbable que el problema estuviera en los intermitentes ya que eran revisados con cuidado antes de entregar cada vehículo.
Estando el investigador a punto de tirar la toalla, decidió salir a pasear por la ciudad. Y entonces vio cosas que le parecieron extrañas...
En aquella ciudad todo el mundo caminaba muy deprisa, casi corriendo. La gente no cruzaba por los pasos de peatones sino por cualquier sitio y, además, sin previo aviso. A veces, cuando la acera era estrecha, se empujaban los unos a los otros para adelantar. No pedían permiso para pasar al anciano que iba despacio y se molestaban si un carrito de bebés se interponía en su camino.
Fue entonces cuando descubrió que el problema no estaba en los intermitentes y tampoco en los coches, sino en las personas de aquella ciudad que, por algún motivo que no atajaba a adivinar, habían perdido el respecto a las normas más básicas de educación.
La ciudad es Madrid, naturalmente.

Antares dijo
En mi ciudad a veces aparecen intermitentes, pero siempre para advertir aún más que los coches están en doble fila... Eso sí: en las rotondas, ni uno. Luego nos quejamos del tráfico...
En fin...
28 Octubre 2005 | 10:56 AM