Secretos y mentiras
Leí hace poco que una de cada tres conversaciones que suceden en el trabajo contienen alguna mentira. No hablaba el estudio de la frecuencia de la mentira en el ámbito personal, pero me atrevo a estimar que no debe de andar muy lejos.
Oscar Wilde veía a la mentira como la finalidad adecuada del arte. Y quizá, en el contexto de los artistas, sea el único en el que mentir tenga sentido. Pero, dejando al margen el arte, yo me pregunto:
¿Dónde radica la utilidad de la mentira?
¿Por qué nos empeñamos en desdibujar la realidad con engaños?
¿Acaso no estamos contentos con nuestra propia realidad?
¿Es, entonces, la mentira un síntoma de infelicidad?
Me dan lástima los mentirosos que no se dan cuenta de que los demás no nos creemos sus mentiras. Pero me dan miedo los que son capaces de engañarse a sí mismos y a los demás para conseguir algo.
Todo esto me recuerda que tengo que volver a ver la que, quizá, es la mejor película de Mike Leigh.
Y es que, en todas las familias, hay secretos y... mentiras.

Antares dijo
¡Ay, Contraejemplo!, que sobre mentiras y miedos sé mucho... Y coincido, de nuevo, plenamente contigo en el miedo que produce el mentiroso que se lo cree todo. Casi yo diría que roza la locura. Quizá la mentira oculte el complejo de inferioridad, la envidia por los demás, el inconformismo y la frustración que producen, precisamente, nuestras frustraciones, la cobardía de no saber resolver conflictos, y de nuevo, repito, la envidia que nos genrean los demás.
22 Noviembre 2005 | 12:01 AM