“La verdadera esencia del ser humano es la bondad. Existen otras cualidades provenientes de la educación y la sabiduría, pero, si uno quiere convertirse en un verdadero ser humano y dar un sentido a su existencia, es esencial tener un buen corazón”

Con esta cita del XIV Dalai Lama comienza Samsara, el último espectáculo del Ballet de Víctor Ullate. Me ha llamado la atención esta cita budista. Y es que estoy profundamente de acuerdo en eso de que el ser humano es bueno por naturaleza. Es el mundo el que, a veces, le hace perder de vista esa bondad interior que, entonces, relega a un segundo plano.

¿Por qué nos costará tanto ser buenos? A veces, los gestos bondadosos nos causan risa. Otras veces, decimos que un hombre bueno es un hombre tonto. Me da la impresión de que sólo a través de la maldad se demostraría la inteligencia. Yo no estoy de acuerdo. Y no porque piense que la bondad sí es un signo de inteligencia. No estoy de acuerdo porque creo que la bondad nada tiene que ver con eso. La bondad existe, está ahí, en todos nosotros. Pero, en ocasiones, la inteligencia, la vergüenza, las modas o la falta de seguridad en uno mismo anulan las acciones y los sentimientos bondadosos.

He de confesar, en este punto, que lo que me emociona de las películas no son las escenas de amor o las de tristeza. Lo que me emociona siempre es la bondad. Y seguro que no soy el único. Es por eso que, aunque sólo sea porque conmueve a los demás, merece la pena mostrar la bondad que llevamos dentro.