Planificación estratégica e improvisación táctica
"Los mejores viajes son los que se improvisan sobre la marcha", suele decir bastante gente, pero resulta que muy pocos emprenden unas vacaciones sin haberlas planificado con antelación.
Casi todos nos quejamos de la rutina, pero resulta que no podemos conciliar el sueño sin tener perfectamente estudiada la agenda del día siguiente.
Algunos alardean de que su pareja les sorprende a veces con un regalo sin coincidir con ninguna fecha señalada, pero luego no soportan que no se acuerde de su cumpleaños, su santo o su aniversario.
Personalmente, encuentro muy poco atractiva a la planificación. Me hace sentir menos libre, pues me hace esclavo de mis decisiones pasadas. Si pensamos en que los planes se pueden cambiar, entonces ya no es planificación, es otra cosa.
En el extremo contrario estaría la improvisación total, en la que la pregunta ya no es ¿qué haré cuando me levante? sino ¿para qué preguntarme nada si todavía estoy acostado? Pero tampoco estoy a favor de la improvisación total. La asocio con navegar a la deriva, con perder el control.
Por tanto, podríamos pensar en que la virtud está en el punto medio. Pero, ¿qué hay entre la planificación y la improvisación? Una alternativa sería la inactividad: si no haces nada, no tienes que preocuparte ni de planificar ni de improvisar. Otra alternativa sería tener planificados los días laborales e improvisar los fines de semana y los festivos. Y la otra alternativa sería planificar las grandes líneas importantes de tu vida y dejar a la improvisación los detalles del día a día. Lo que en el mundo de los negocios se podría llamar "planificación estratégica e improvisación táctica". (Bueno, realmente, en los negocios no gustan de la improvisación por lo que se quedaría como "planificación estratégica y planificación táctica".)
Y por este ambiguo término medio es por donde trato de moverme. Improvisando siempre que puedo, pero teniendo en mente los criterios importantes en los que creo, y que han de marcar indefectiblemente mi vida.

Jesús dijo
Una idea que puede resultar interesante esta que expones: "planificar las grandes líneas importantes de tu vida y dejar a la improvisación los detalles del día a día". Sin embargo, si las posibilidades de que los planes para un fin de semana puedan alterarse por las razones que sean son relativamente grandes, ni te cuento si te planificas la vida a largo plazo (generalmente con cosas más transcendentales) y ni que decir lo que duele el trastazo si no se consiguen los objetivos. Puede que aquí, sea más adecuada cierta improvisación y, lo que venga, ya veremos cómo afrontarlo. En todo caso, unas ciertas "pinceladas" de lo que nos gustaría ó sería deseable, pero poco más. La vida puede dar grandes giros cuando menos lo espera uno.
3 Mayo 2006 | 10:29 AM