Es bien sabido que es difícil aceptar una crítica, pero también es complicado saber criticar. Sobre todo, si lo que se busca con la crítica es ayudar o, como se dice muchas veces, construir.

Practicar la crítica constructiva es algo que suele residir en nuestras intenciones, pero la intención en este caso no es suficiente. Debemos elegir con cuidado las palabras, el tono y los gestos para no herir al criticado, para no "destruir".

Y hay una regla que suele funcionar bastante bien: la regla de sándwich (también llamada "the Oreo rule"). La idea consiste en que, a la hora de hacer una crítica constructiva, debemos empezar diciendo algo positivo, luego señalar las oportunidades de mejora -así es como debemos llamar a los errores- y, por último, volver a destacar algo positivo. Siempre que he aplicado esa regla, me lo han agradecido.

Así que, ya sabéis, si queréis hacer una crítica constructiva de este artículo, por favor, usad la regla del sándwich ;-)