"Es más fácil cambiar de marido que cambiar de trabajo"
Sabemos que nadie es imprescindible en el trabajo; sabemos que las empresas pueden despendirnos de la noche a la mañana; sabemos que si caemos enfermos, todo sigue adelante; sabemos, incluso, que el futuro de la empresa variará muy poco si la abandonamos.
Pero, sin embargo, en ocasiones nos aferramos a nuestro puesto de trabajo como si de un salvavidas se tratara. Como si fuera lo más importante de nuestra existencia. Como si la "carrera profesional" fuera la única que estamos corriendo.
La cosa no sería tan preocupante para la sociedad en su conjunto si, como ocurría hace cincuenta años, esa enajenación mental fuera exclusivamente cosa de los hombres. Al menos entonces había alguien que se ocupaba de lo realmente importante: los hijos, la educación, la salud, el amor...
Hoy en día, en vez de intercambiar los papeles, las mujeres se han igualado con nosotros (aunque, afortunadamente, hay excepciones en ambos bandos). Y los dos sexos campamos por la vida híper-preocupados del trabajo, dejando en manos de otros las cosas importantes.
Hasta tal punto esto es así que, hablando recientemente con unas compañeras de trabajo, llegaban a la siguiente conclusión: hoy en día, es más fácil cambiar de marido que cambiar de trabajo.
O el mercado del amor está muy devaluado, o el aprecio por una ocupación profesional ha alcanzado cotas desmedidas...


Jesús dijo
La verdad es que el ritmo que casi se nos impone para poder sobrevivir, no nos permite dedicarnos todo lo que quisiéramos a la familia. A esto hay que sumarle que la "conciliación de la vida familiar con el trabajo" no tiene pinta de dejar de ser una utopía en breve ni mucho menos. No parece tarea fácil de lograr.
Creo que hoy en día, ser padres es algo bastante complicado, más si lo comparamos con lo que, posiblemente muchos de nosotros, aprendimos de pequeños lo que significa serlo.
Aún así, si queremos serlo, no nos quedan muchas más opciones y, eso sí, que al menos el poco tiempo que dediquemos a nuestros hijos, lo aprovechemos al máximo. Por otro lado también es cierto que nuestros hijos se van acostumbrando a este ritmo y comprenden que el tiempo de ver y convivir con sus padres es el que hay y apenas puede ser más. No cabe duda que han cambiado mucho los tiempos, pero si queremos, no tiene porqué ser necesariamente a peor. Es solo cuestión de cambiar el enfoque de la situación para adaptarlo a "lo que hay" y aprovechar lo mejor posible el tiempo que hay para la vida familiar.
6 Octubre 2006 | 08:39